Me dieron vida un día de Enero, hace ya algunos años... Mis ojos tardaron en acostumbrarse al crudo paisaje que me rodeaba, un mundo en blanco y negro con vacío cromático.
Tras mucho tiempo, escalé la montaña de las dificultades y ahora, desde aquí arriba, todo parece perder esa tonalidad grisácea y salpicarse esporádicamente con matices de colores.
Así es el mundo desde los ojos de una marioneta de trapo.